Envejecimiento: edadismo

¿Qué es el edadismo?

El edadismo se refiere a la forma de pensar (estereotipos), sentir (prejuicios) y actuar (discriminación) con respecto a los demás o a nosotros mismos por razón de la edad. 

¿A quién afecta el edadismo?

El edadismo afecta a todos. A partir de los cuatro años, los niños empiezan a ser conscientes de los estereotipos de edad de su cultura. Desde entonces, interiorizan y utilizan esos estereotipos para encauzar sus sentimientos y comportamiento hacia personas de distintas edades. También recurren a los estereotipos de edad de su cultura para percibir y comprender su propia persona, de manera que puede producirse un edadismo autodirigido a cualquier edad. El edadismo se entremezcla con otras formas de desventaja, como las relacionadas con el sexo, la raza y la discapacidad, y las exacerba.

¿Dónde puede verse el edadismo?

El edadismo está en todas partes: en nuestras instituciones, en nuestras relaciones, en nosotros mismos. Por ejemplo, el edadismo se manifiesta en las políticas que apoyan el racionamiento de la atención sanitaria en función de la edad, en las prácticas que limitan las oportunidades de los más jóvenes para contribuir a la toma de decisiones en el lugar de trabajo, en las actitudes paternalistas que se adoptan al tratar con personas mayores o más jóvenes, y en comportamientos autolimitantes, que pueden derivarse de estereotipos interiorizados sobre lo que puede ser o hacer una persona de una edad determinada. 

¿Es el edadismo un verdadero problema?

La mitad de la población mundial es edadista con respecto a las personas mayores y, en Europa, única región de la que se dispone de datos sobre todos los grupos etarios, los más jóvenes informan de una mayor discriminación por motivos de edad que otros grupos.

El edadismo puede cambiar la forma de vernos a nosotros mismos, puede menoscabar la solidaridad entre generaciones, puede limitar o subestimar nuestra capacidad de beneficiarnos de lo que pueden aportar las poblaciones más jóvenes y más mayores, y puede afectar a nuestra salud, longevidad y bienestar, además de tener consecuencias económicas de gran alcance. Por ejemplo, el edadismo se asocia a una muerte prematura (en 7,5 años), a una salud física y mental más precaria y a una recuperación más lenta de la discapacidad en la vejez.

El edadismo también aumenta las conductas de riesgo para la salud, como llevar una dieta poco saludable, beber en exceso o fumar, y reduce la calidad de vida. En los Estados Unidos de América, uno de cada siete dólares que se gastan cada año en la atención sanitaria de las ocho enfermedades más gravosas se debe al edadismo (US$ 63 000 millones en total).

¿Podemos combatir el edadismo?

Hay tres estrategias que funcionan para reducir o eliminar el edadismo: las políticas y la legislación, las actividades educativas y las intervenciones intergeneracionales.

Las medidas políticas y legislativas pueden hacer frente a la discriminación y la desigualdad por motivos de edad y proteger los derechos humanos de todos, en cualquier lugar. Las actividades educativas pueden fomentar la empatía, disipar las ideas erróneas sobre los diferentes grupos de edad y reducir los prejuicios al proporcionar información precisa y ejemplos contrarios a los estereotipos. Las intervenciones intergeneracionales, por las que se reúnen personas de distintas generaciones, pueden contribuir a reducir los prejuicios y estereotipos entre distintos grupos de edad.

Publicado por Organización Mundial de la Salud

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