…y la cuarta edad

El doctor en Psicologia Enrique Pallarés Molíns, profesor emérito de la Universidad de Deusto, publicó el pasado 30 de septiembre un articulo en El Correo que por su interés reproducimos en parte, para poder seguir leyendo en la propia publicación:

La celebración el 1º de octubre del Día Internacional de las Personas de Edad invita a realizar un breve comentario sobre la última etapa de la vida. Hablamos con frecuencia de la tercera edad, de los años a partir de los 60-65, fecha habitual de la jubilación, pero menos de la cuarta edad. Con un criterio cronológico, la cuarta edad comienza hacia los 80 años; con un criterio demográfico cuando solo siguen vivos la mitad de los miembros de la propia cohorte, o grupo de personas nacidas el mismo año y que llegaron a la madurez. Finalmente, otros gerontólogos definen la cuarta edad, sin utilizar referencias cronológicas, como la situación en la que se encuentran las personas cuando la fragilidad y la dependencia se hacen evidentes e irreversibles.

La tercera edad, por lo general, es una prolongación de la madurez, pero con la ventaja de estar libre de las limitaciones que imponen las actividades laborales y paternales o maternales. El filósofo italiano Norberto Bobbio la llama ‘vejez burocrática’, porque su comienzo lo marca la jubilación. La cuarta edad, por el contrario, que Bobbio llama ‘vejez fisiológica’, está asociada a fragilidad y a dependencia. Se puede decir, rehuyendo ‘romantizar’ la vejez, que la cuarta edad es la verdadera y temida vejez.

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Es el tiempo de utilizar las reservas interiores, cultivadas y atesoradas a lo largo de la vida, que no se deterioran como el cuerpo, pero capaces de convertir la fragilidad física en fortaleza interior y el sinsentido en sentido.

..... regirse por el lema de que el valor de la persona no radica en ‘tener’ (apariencia, bienes materiales, prestigio), sino en el hecho mismo de ‘ser’ persona; (……). En resumen: aceptar la vida y aceptarse a sí mismo y a los demás.

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Además, la persona en situación de fragilidad nos ofrece la ocasión de expresar lo mejor de nosotros –a veces velado por la búsqueda veloz de la utilidad material–, como la bondad, empatía y compasión con el que sufre. Por eso, si esperamos gratitud por la a veces difícil tarea de asistir a estas personas, también hemos de agradecerles el que nos ayudan a ser más humanos.

Para leer el texto completo del artículo en PDF: …y la Cuarta Edad art

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