¿Representan los medios una imagen real de los mayores?

En ocasiones me formulan esta pregunta cuya respuesta es tan variada y transversal como lo puedan ser las propias personas mayores o los diferentes medios de comunicación.

Articulo de opinión de Luis Martín Pindado, Vicepresidente del Consejo Estatal de Personas Mayores, publicado en Mayor Actual

En principio no deberíamos hablar de realidad de las personas mayores, porque hay tantas realidades como personas mayores, e incluso en los aspectos que nos pueden identificar, como por ejemplo tener más de sesenta y tantos años, hay tanta variedad, que unificar el concepto es de por sí cuando menos simplista.(…)

El periodista y comunicador Pepe Domingo Castaño, por ejemplo, tiene 75 años. Por edad le correspondería el calificativo de persona mayor, pero tiene muy poco que ver con el jubilado tipo. De hecho, ni siquiera está jubilado, que sigue al pie del cañón en su programa deportivo "Tiempo de Juego", en la Cope. Lo mismo podemos decir de Iñaki Gabilondo, que es de la misma quinta. Los dos son personas mayores. Pero su imagen no está "manchada" con el estereotipo negativo que solemos aplicar, por fortuna cada vez menos, a otros ciudadanos que consideramos personas mayores.

¿Por qué? Por una sencilla razón, porque se han ganado nuestro respeto. Su figura, su trayectoria, su actitud vital se alejan de los estereotipos negativos asociados a la edad. Volveré con este tema más adelante, porque en muchas ocasiones los medios sí reflejan la realidad, y en ocasiones también, la realidad se ajusta al estereotipo.

La vida ingrata de las palabras

Es curioso observar cómo las sociedades modernas han ido contaminando cada término que definía la edad más madura. Primero fue la palabra anciano, que viene del latín y cuya raíz significa "antes". El anciano era aquel que había estado antes, y por lo tanto su mérito era superior, de alguna manera se merecía tu respeto porque estaba por delante de ti.

Ahora utilizamos poco la palabra anciano, tan solo para aquellos más mayores, y a menudo referido a los que ya no se pueden valer por sí mismos. Y ha calado hondo, porque incluso a mí, que ya voy para los 81 años, si me llaman anciano me lo tomaría más como un insulto que como un cumplido.

Después, hemos llenado de connotaciones negativas palabras hermosas como viejo, o inventamos nuevos términos que cayeron de nuevo en desgracia, como tercera edad.

Ahora se usa persona mayor, y aunque hay quien lo utiliza de manera despectiva, parece que a gran parte de los ciudadanos de más edad no les desagrada ser considerados persona mayor. Yo, por ejemplo, sí me considero una persona mayor, y no veo en el término tantas connotaciones negativas como puedan tener otras palabras.

Somos como vivimos

Es imposible luchar contra la sociedad que hemos construido. Los valores que imperan en la actualidad son la juventud y el dinero. Si eres joven y tienes dinero, eres el modelo a seguir. Si no eres joven pero tienes dinero, eres relativamente respetable. Si no eres joven ni tienes dinero no eres nada.

Como la mayoría llegamos a viejos con el dinero justo, pues no somos nada. Y así se nos representa, o peor, se nos invisibiliza. Si no construimos un mensaje positivo, que presente a las personas mayores activas y constructivas por lo que hacen, muchos medios seguirán ilustrando las informaciones sobre pensiones, por ejemplo, con gente de edad avanzada sentada en un banco del parque dando de comer a las palomas, o nos llamarán "abuelos", aunque no lo seamos, o utilizarán tonos paternalistas como "nuestros mayores".

Cuántas veces he escuchado a responsables políticos hablar de "nuestros mayores", dan ganas de decirles ¡que yo no soy tuyo, ni de nadie, en todo caso de mi madre y mi padre que en gloria estén!

A nadie se le ocurriría titular una información sobre las movilizaciones de pensionistas así: "Nuestros mayores salen a la calle en defensa de las pensiones". Las manifestaciones de pensionistas han cambiado en parte la idea que se tiene de los jubilados. Los hechos definen a los colectivos, y con las movilizaciones, los jubilados aparecen como ciudadanos que defienden sus derechos y los de los demás. Se han ganado el respeto y la consideración del resto de ciudadanos, han ganado fuerza. Y eso es esencial. Tenemos que dejarnos ver por lo que hacemos. Y ahí tenemos mucho recorrido por delante.

La revolución de la longevidad

Estamos viviendo una etapa apasionante en la historia de la humanidad que está en plena transición hacia sociedades envejecidas…

(….) Estamos en una situación difícil. Hay un riesgo serio de fractura generacional si los más jóvenes ven a los mayores como el colectivo que toma las decisiones, que maneja los resortes del poder, que tienen mejor situación económica, y que suponen un esfuerzo enorme para el resto de la población que debe sufragar sus pensiones y sus gastos sanitarios (…)

Una nueva relación con los medios

Debemos cambiar el mensaje, (…) Para cambiar el mensaje debemos ser emisores del mensaje…

Además de aprovechar las posibilidades de difusión de mensajes que nos ofrecen las nuevas tecnologías (…)

A modo de conclusión

La información que los medios ofrecen de las personas mayores es (…) víctima de estereotipos anclados en la sociedad.

Debemos ser activos en la denuncia en la difusión de estos estereotipos, y exigir su corrección a través de los medios a nuestro alcance, cartas al director, comentarios en los portales, mails a redacción, etcétera.

Debemos ser partícipes en la emisión de mensajes (…)

Debemos participar más activamente en la sociedad, y difundir de manera acertada nuestra contribución social.

(…) tenemos una responsabilidad para que esa imagen se ajuste más a la realidad, primero, cambiando esa realidad, y segundo, comunicando mejor el cambio.

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