El club de la naftalina

El club de la naftalina es una novela costumbrista de la Editorial LO QUE NO EXISTE que, a través de las miradas de una anciana española y una joven inmigrante mexicana, retrata dos momentos concretos de la historia reciente de España: la posguerra y su impacto en la burguesía madrileña y la bonanza económica de finales de los años noventa y su trasfondo de negocios turbios y escrúpulos escasos. La novela se mueve entre estas dos épocas y la sociedad que las habita, y refleja sin ambages dramas aún vigentes, como la soledad de los mayores y su indefensión frente a un sistema que los aparta y desecha como estorbos inservibles. Es ante todo un testimonio de la capacidad de un individuo para sobreponerse a las dificultades, transformar su mundo y mejorar la vida de los que le rodean.

La autora Claudia Luna Palencia (Uruapan, Mexico) economista y periodista especializada en geoeconomía y geopolítica, corresponsal de la revista “Vértigo Político” y de “W radio”, titular de la columna “Por la Espiral” y directora de la revista digital “Conexión Hispanoamérica”, titulada con matrícula de honor por la Universidad del Valle de México, y master oficial por la Universidad de Alcalá de Henares, explica:

Me inspiró la soledad de muchas personas mayores que he conocido en Madrid, particularmente desde que llegué en 1999; me conmovió verlos a veces tan solos en los parques, intentando hacer plática en los kioscos, platicando sus avatares en las peluquerías. Es arribar a una edad incomprendida, molesta para una parte de la sociedad. He conocido en la vida real a buena parte de las personas que han quedado plasmadas en El Club de la Naftalina.

Es básicamente una novela costumbrista que refleja una época en un momento determinado e intenta plasmar la esencia de un grupo, no de amiguetes, sino de amigos entrañables que experimentan como propios los dramas de los demás.

¿De qué manera podríamos integrar a las personas mayores de una manera más activa en la sociedad? Para empezar, muchos son seres todavía productivos, capaces de aportar con su creatividad y su inteligencia, con la experiencia acumulada. Deberían estar impartiendo talleres y dando charlas y pláticas en los colegios. Hay que reinsertarlos en la sociedad, no hacer que su jubilación sea prácticamente un desahucio social.

Publicado en Qmayor Magazine

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